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Desde las calles por las cuales el público se precipitaba -con evidente temor de retrasarse, dando alas a su paso y en vehículos lanzados a toda velocidad- hacia los teatros, llegaron ellos a través de barrios intermedios a los suburbios, donde su automóvil fue desviado repetidas veces hacia calles laterales por agentes de policía montada, puesto que las grandes arterias estaban ocupadas por una manifestación de los obreros metalúrgicos en huelga, y sólo se podía permitir el tránsito indispensable de coches en los puntos de cruce. Si luego, saliendo de calles más oscuras donde el eco resonaba sordamente, atravesaba el automóvil una de esas grandes arterias que parecen verdaderas plazas aparecían -hacia ambos costados y en perspectivas que nadie podía abarcar con la mirada hasta su fin- repletas las aceras de una muchedumbre que avanzaba a pasos minúsculos y cuyo canto era más uniforme que el de una sola voz humana. (...) (...) En cambio sobre la calzada que se mantenía libre, se veía de vez en cuando algún agente de policía sobre una cabalgadura inmóvil, (...) o algún coche de los tranvías eléctricos que no se había refugiado con la rapidez suficiente y que ahora se hallaba ahí detenido, vacío y oscuro con el conductor y el cobrador sentados en la plataforma. Pequeños grupos de curiosos se detenían lejos de los verdaderos manifestantes y no abandonaban sus sitios, pese a que seguían sin darse cuenta cabalmente de lo que en realidad acontecía.
Franz Kafka - Amérika Comentarios » Ir a formulario
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